Mirar el dorso de Messi es inútil. No aparece fecha de caducidad para este rosarino de 32 años. En 2009, con Zapatero de presidente del Gobierno y Juan Carlos I de Rey de España, conquistó su primer Balón de Oro a los 22 años. Nunca había pasado una década entre la conquista para un futbolista de un premio dorado y otro. ¿Hasta cuándo durará Messi?

Hay quien asegura que Messi ya pasó su mal momento, su crisis, su etapa en la que miraba más al césped que al balón. Ahora, con el flequillo de los postes en la mira telescópica, el Messi de 2019 es capaz de dar varios partidos de ventaja a los rivales. Luego, se pone a jugar y los alcanza en la tabla de goleadores.

Ni el propio Messi pasó por alto su posible retirada durante su discurso una vez que recogió el Balón de Oro, «esto se disfruta muchísimo porque se va acercando la retirada». Una frase rotunda, con fuerza que hizo tambalear los cimientos del Camp Nou y que él aclaró minutos después afirmando que «se encuentra mejor que nunca a nivel físico y personal y ojalá pueda estirarlo mucho más».

Mantener más de diez años un rendimiento estratosférico en el deporte de élite sólo está al alcance de una baraja reducida de monstruos. En el fútbol no es normal. Di Stéfano, en una época desnuda de premios individuales, llegó al Madrid en 1953, con 27 años. Su quinta y última Copa de Europa la sumó en 1960, con 34 años y el horizonte del declive al acecho.

La treintena de Maradona

Maradona se marchó del Barça para ser el rey del mundo. En medio de volcanes y jugadas de todos los tiempos, reinó en el Azteca en el 86, cuando Nápoles les esperaba con los palacios abiertos. Cuatro años después, tras el Mundial de Italia, con 30 años enfilaba hacia el despeñadero. Pero ya era Dios.

En el caso de Cruyff, su legislatura con los melenudos del Ajax se inició en la década de los 70 y duró un lustro. En 1974, a los 27 años, tras su aventura en el Mundial de Alemania, conquistó su último Balón de Oro. Entró en la treintena con un rendimiento irregular en el Barça.

Pelé, de otro cosmos

La factoría de Pelé cerró más tarde. O’Rei ganó su primer Mundial en 1958, con 18 años, y doce años después, en el Azteca, el estadio de los milagros, alzó su tercera corona universal. Era el momento de la tranquilidad. En la parroquia del Santos su verbo era intocable y de ahí sólo salió para probar entre multinacionales, salas de fiestas y charangas en el Cosmos.

Cada deporte juega con la edad de una manera diferente. En la misma mesa de Messi hay comensales de lujo. Michael Jordan aguardó hasta los 28 años para ganar su primera NBA. Tras una retirada de año y medio, con una excursión disparatada en el béisbol, alzó otros tres campeonatos, el último de ellos con 35 años, momento en el que estimó oportuno chapar el aeropuerto.

Los tenistas eternos

El tenis del siglo XXI, con el tridente Federer-Nadal-Djokovic, rompe calendarios como si fueran saques del rival. El suizo, de 38 años, es capaz de ganar Wimbledon en 2003 y repetir 14 años después. Rafa, con 33 años, se manchó de tierra en Roland Garros para ganar doce ediciones, la primera en 2005 y la última en 2019.

El insaciable serbio, de 32 años, también se ha comido más de una década en la buhardilla del tenis. En 2008 ganó el Open de Australia, algo que también se apuntó en 2019. Estos tres tenistas eternos no se apuntan a los viajes de final de curso. En ese plan también está Messi, el dueño del balón, sea de oro o no.

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