El 2020 deportivo ha comenzado proclamando al escocés Peter Wright como campeón del mundo de dardos. El británico ganó al neerlandés Michael van Gerwen por 7-3 en una final que hizo vibrar al público congregado en el Alexandra Palace de Londres, un majestuoso edificio que representa la austera elegancia victoriana de la capital del Reino Unido.

Wright es de todo menos austero. Este antiguo mecánico de coches que se dedicaba fundamentalmente a los neumáticos ya había sido protagonista desde antes de la final, y no sólo por ser un candidato al título (aunque ni mucho menos el favorito). Su peculiar estilismo le han convertido en el foco de los fotógrafos durante este Mundial.

Su apodo de ‘Snakebite’ (mordisco de serpiente) lo lleva hasta el extremo. El lateral de su cabeza muestra uno de estos reptiles en posición de ataque, justo debajo de un peinado ‘mohawk’ que depende del día puede tener un color u otro. Es una manera de atemorizar a sus rivales, aunque los que comparten circuito con él ya están acostumbrados. «Para mí, es como ir a la batalla con pinturas de guerra», admite.

Este peculiar peinado le obliga a un ritual previo a cada partida de dardos de más de dos horas. Su esposa Joanne, que regenta una peluquería en Lowestoft, Suffolk, llamada ‘El pelo de Medusa’, se tira más de dos horas tiñendo y peinando a su marido. Wright usa este tiempo para relajarse y prepararse mentalmente para cada competición.

Para la final del Mundial, la inspiración de ‘Snakebite’ fue su hija, que le acompañó estos días. «Lo hago por ella porque es la que siempre lleva un color de pelo distinto, así que me dije: ‘voy a probar'», admitía. No siempre fue así: como le recordaba un fan en twitter, en 1995 su aspecto era mucho más discreto… hasta que ‘entró’ en Prodigy.